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Mensaje del director general del ISSS, Dr. Leonel Flores, en el 31.° aniversario de la muerte de monseñor Óscar Arnulfo Romero

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Jueves 24 de Marzo de 2011 18:15

Director general del ISSS, Dr. Leonel FloresSiempre he admirado y celebrado el nacimiento y la vida de nuestro querido y eternamente recordado mártir monseñor Óscar Arnulfo Romero. He participado a lo largo de muchos años en convivios para recordar su gloriosa vida como hijo enviado de Dios y como hombre en su entera naturaleza.

Esta vez no quiero dejar pasar nuevamente la oportunidad de conmemorar su natalicio y recordar su muerte como un compromiso previamente adquirido por nuestro pastor, como un sacrificio preconcebido por él para dejar el legado de sus palabras, sus acciones y su vida en pro de la justicia social salvadoreña y como máximo exponente y contribuidor de la democracia en nuestro país. Sus homilías eran y siguen siendo pan de vida para la clase trabajadora, la clase olvidada, los excluidos, los humildes, los pobres como su opción preferencial a tal grado que ahora es considerado el guía espiritual de nuestra nación.

En una de sus homilías, monseñor Romero expresa: “Queridos hermanas y hermanos, especialmente nuestros queridos jóvenes y niños, pregúntense ustedes mismos: '¿Esta es mi estrella?, ¿dónde puedo encontrar mi plena realización?, ¿dónde me quiere Dios tener?...'". Todos tenemos una vocación. Nadie nace sin una vocación de Dios, siempre nos debemos preguntar qué quiere Dios de mí.

Con todo respeto, la principal vocación y la más fácil de alcanzar es la de servir. Todos podemos hacer eso, servir, ser solidarios con nuestros hermanos. Eso le gustaría y complacería a monseñor Romero, y lo más importante, a Dios mismo.

No omito manifestar que respeto y reconozco el liderazgo de todas las denominaciones cristianas de nuestro país, y sea cual fuese nuestra congregación, todos tenemos un punto importante de encuentro: el amor a nuestros semejantes, ser solidario con el prójimo.

Monseñor Romero es ahora ejemplo para el mundo entero, de él se habla y se comenta en todos los círculos en el extranjero, conocen los detalles de su martirio, pero mejor aun, conocen las palabras que él pronunciaba durante las concurridas homilías de los domingos en la década más difícil afrontada por este país, la década de los ochenta.

Nadie como monseñor Romero supo dirigir palabras que nacían directamente del corazón implorando el perdón, nadie como él ha podido expresar el porqué es importante el amor al prójimo, el respeto a la dignidad humana y la convivencia pacífica por encima de todo, incluso de la propia vida.

San Romero de las Américas, como se le llama en este continente, nos enseñó el valor de la verdad y de la justicia, que son pilares de la doctrina social de la iglesia.

Sea pues que, en este día 24 de marzo, al recordar a monseñor Romero nos comprometamos a un cambio de actitud, reconozcamos que el que padece nos busca como el instrumento de Dios para aliviar sus males y problemas… ¡tendámosle esa mano al que la necesita!

Es deber nuestro mantener y seguir las enseñanzas de nuestro pastor, tracemos nuestra mirada con la debida paz en nuestros corazones, con amor a nuestros semejantes.

Por ello debemos esforzarnos por construir un país con verdadera justicia social, donde todos en armonía convivamos y que juntos construyamos una nación, en definitiva, más cerca de Dios.

Que Dios nos bendiga a todos, que monseñor Romero bendiga a sus fieles, que todos reciban sus respectivas bendiciones de sus guías espirituales.

Última actualización el Jueves 24 de Marzo de 2011 18:46

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